Estas teorías son ya bastantes antiguas, pero los seres humanos no hemos cambiado mucho desde 1987 y en ellas se puede ver distintas clases de personalidades, seria bueno considerarse en entre estas, de tal forma que podamos ver, cual se ciñe a nosotros, con el propósito de conocernos un poco mas y mediante la introspección cambiar nuestros patrones de conductas inconscientes, al menos tener presente cual es nuestra forma de ser, en cuanto al apego se refiere.
Las modalidades de pensamiento, pueden cambiarse, mediante el aprendizaje asertivo. Una conducta no tiene por que permanecer en nosotros por mas tiempo, si no es inútil y para ello esta el auto conocimiento, pues este nos hace madurar permanentemente, “si no somos concientes de cómo somos como podremos poner remedio”.
"Shaver y Hazan, (1987) consideran que el proceso amoroso puede ser entendido desde los patrones de apego que se forman en la infancia y se mantienen a lo largo del ciclo vital.
Estilo de apego seguro. Son personas con más capacidad para vivir sin establecer vínculos amorosos de pareja, aunque están predispuestas a ello. Tienen más capacidad para vivir solas de forma constructiva si no encuentran razones para formar pareja. Pueden seleccionar mejor la pareja porque suelen tener mejores habilidades sociales y estar menos apremiadas por esta necesidad. Son más capaces de decidirse a formar pareja, vivir la intimidad y establecer compromisos. Tienen relaciones más seguras y confiadas. Ideas mas realistas. Y favorables sobre el amor. Consideran que es posible vivir en pareja de forma satisfactoria Les cuesta menos involucrarse en relaciones de intimidad y establecer compromisos. Normalmente tienen un grado de satisfacción mayor en las relaciones que los otros estilos de apego. Se sienten más seguras, disfrutan más de la relación, tienen menos temores referidos a ella. Mejor ruptura. Si tienen razones para romper, lo hacen con mas facilidad que las ansiosas y mejor que las evitativas; aunque pasan por período de profundo dolor, rehacen mejor su vida.
Estilo de apego ansioso con relaciones dependientes y continua necesidad de confirmación de que se es amado. Dificultades para la autonomía. Personas que se sienten inseguras e inestables en general. Soportan mal la soledad v tienen dificultades para construirse una vida sin pareja. Su estado de inseguridad y ansiedad les lleva a buscar relaciones de forma precipitada. Buscan, se diría popularmente, agarrarse a un clavo ardiendo. Una vez establecida la relación, tienen mucho miedo a ser abandonadas. Necesitan que les confirmen continuamente que se las quiere. El miedo al abandono y la inseguridad favorece también el que puedan tener celos infundados, ansiedad ante separaciones breves, etc. Ideas contradictorias sobre el amor. Consideran que las relaciones amorosas son lo más importante de la vida. Es frecuente que piensen que ellas son muy capaces de entregarse y que nunca encuentran la persona que se merecen. Tienen mucha dificultad para romper una relación, aunque estén convencidas de que deben hacerlo, porque les da mucho miedo la soledad. El patrón emocional básico es de inseguridad e inestabilidad emocional manifestadas explícitamente.
Estilo de apego evitativo con relaciones complicadas y distantes
Tienen una aparente capacidad de estar solas. Pero se trata de una falsa autonomía defensiva. Se hacen las personas duras e insensibles. Miedo a la intimidad. La intimidad emocional, la expresión de emociones, la comunicación de cosas muy personales, la intimidad corporal a veces, etc., les crea incomodidad y malestar. Prefieren relaciones más formales v distantes, incluso en la pareja. Les cuesta mucho tomar la decisión de formar una pareja, porque pueden percibirlo como una amenaza a su propia intimidad. Relaciones con poca intimidad. Las relaciones tienden a ser frías y distantes, con menor comunicación emocional. Les cuesta manifestar sus sentimientos y afectos y les crea malestar el que lo haga su pareja. Ideas pesimistas sobre el amor. Tienden a pensar que las relaciones amorosas no existen realmente, son cosa del cine o la literatura. Aparente fácil ruptura. Toman decisiones de forma aparentemente fácil en el caso en que tengan razones para romper. Inseguridad Camuflada. Es un patrón de inseguridad básica oculta a través de diferentes defensas. El miedo a la intimidad tiene precisamente el mismo origen: temen afrontar sus problemas.
Estos estilos de apego pueden darse en diferente grado y están sujetos a la influencia de las características de la pareja. Por ejemplo, una persona ansiosa puede verse muy beneficiada en una relación en la que su pareja tiene un estilo de apego seguro, mientras podría resultarle insufrible vivir con una persona fría y distante."
En muchas personas que padecen el desorden afectivo bipolar, se encuentra una un estilo de apego ansioso y es su papel, si quieren encontrar la estabilidad,es madurar en lo que respecta a este tema.
miércoles, 9 de septiembre de 2009
lunes, 7 de septiembre de 2009
La perspectiva Holista de la enfermedad mental: Un enfoque integracional.
La palabra “Holista” proviene del griego “holos”, que significa todo, completo, total, y se suele asociar a lo integral. De este modo el organismo es entendido como una integración física, psicológica, intelectual, emocional y social sólo separable en el papel, más amalgamado en la realidad. De este mismo modo si entendemos el concepto de salud tal y como lo postula la OMS -esto es utilizando criterios de medición somáticos- podemos caer en la falta de rigor de considerar la enfermedad y la salud como “estados” dicotómicos opuestos uno del otro, perdiendo la comprensión de la enfermedad en primera instancia como un proceso de reacción normal del organismo hacia un cambio en su ambiente, siendo lo que conocemos por salud parte del mismo proceso. Por tanto, podemos en este campo hablar de un proceso de “salud-enfermedad” que se da en un contexto que facilita o restringe que este proceso se despliegue del modo que ha de desplegarse, esto es, conflictos relacionales que provocan crisis de Pánico que el Alprazolam claramente no va a solucionar, autorreproches por “no cumplir ni ser suficientes” que nos sumen en Depresiones que la Fluoxetina tampoco va a arreglar. Tememos tanto al dolor que no comprendemos su utilidad en la vida como señal sintomática de procesos de enfermedad y/o propulsor de nuestro propio aprendizaje. Tememos tanto el resfriarnos en invierno que a veces no notamos que nos resfriamos “normalmente” un par de veces por año. Apenas nos duele la cabeza tomamos una Aspirina sin pensar en que la molestia se debe a que hemos dormido poco o hemos estado en lugares con poco aire.
Al utilizar este tipo de mirada ante el proceso de salud-enfermedad, cambia inmediatamente el abordaje técnico utilizado ante lo que llamamos enfermedad, siendo necesaria no solo la batalla contra lo que llamamos enfermedad sino que también la prevención de ello así como la promoción de conductas y modos de vida más saludables en lo que se llama un “estilo holístico”(Bermejo, 2005), esto es una experiencia personal de armonía y gestión -con responsabilidad- de la propia vida, de los propios recursos, límites y disfunciones en cada una de las dimensiones personales, sean estas física, intelectual, relacional, emocional, espiritual y religiosa. Así también es como en lo psicológico, además de la ausencia de patología o disfunción, la salud desde el punto de vista holístico significa libertad en el pensar mediante un estilo más abierto y genuino, fiel y respetuoso con el propio mundo interno (y no solo centrado en cumplir y adaptarse con el vertiginoso mundo que nos tocó vivir), aprendiendo y aceptando nuestras propias emociones en vez de asfixiarlas y juzgarlas e integrando psique y cuerpo como la unidad que es y dejando así el dualismo que nos hace pensar en el cuerpo como un depositario de lo que somos, ya que en el fondo es al revés: somos nuestro cuerpo, cada parte de él. Por tanto, cuidar nuestra salud mental también es cuidar nuestra salud física, respetando nuestras horas de sueño, alimentándonos de modo saludable, aprendiendo a escuchar e interpretar lo que nos dice en el lenguaje de las sensaciones y síntomas, manteniendo la armonía física y emocional y promoviendo así el autocuidado y la autoestima. Esto significa que la responsabilidad de nuestra propia salud está en nosotros, no en el médico; así, tenemos la responsabilidad de escucharnos, respetarnos, mantener conductas saludables, mantener relaciones sociales sanas aprendiendo a escuchar flexible y empáticamente, creando contextos favorecedores de procesos de salud mental. La salud mental es una experiencia de relación física, social y espiritual consigo mismo y el mundo y no se reduce solamente a un buen funcionamiento de nuestra química cerebral.
Al utilizar este tipo de mirada ante el proceso de salud-enfermedad, cambia inmediatamente el abordaje técnico utilizado ante lo que llamamos enfermedad, siendo necesaria no solo la batalla contra lo que llamamos enfermedad sino que también la prevención de ello así como la promoción de conductas y modos de vida más saludables en lo que se llama un “estilo holístico”(Bermejo, 2005), esto es una experiencia personal de armonía y gestión -con responsabilidad- de la propia vida, de los propios recursos, límites y disfunciones en cada una de las dimensiones personales, sean estas física, intelectual, relacional, emocional, espiritual y religiosa. Así también es como en lo psicológico, además de la ausencia de patología o disfunción, la salud desde el punto de vista holístico significa libertad en el pensar mediante un estilo más abierto y genuino, fiel y respetuoso con el propio mundo interno (y no solo centrado en cumplir y adaptarse con el vertiginoso mundo que nos tocó vivir), aprendiendo y aceptando nuestras propias emociones en vez de asfixiarlas y juzgarlas e integrando psique y cuerpo como la unidad que es y dejando así el dualismo que nos hace pensar en el cuerpo como un depositario de lo que somos, ya que en el fondo es al revés: somos nuestro cuerpo, cada parte de él. Por tanto, cuidar nuestra salud mental también es cuidar nuestra salud física, respetando nuestras horas de sueño, alimentándonos de modo saludable, aprendiendo a escuchar e interpretar lo que nos dice en el lenguaje de las sensaciones y síntomas, manteniendo la armonía física y emocional y promoviendo así el autocuidado y la autoestima. Esto significa que la responsabilidad de nuestra propia salud está en nosotros, no en el médico; así, tenemos la responsabilidad de escucharnos, respetarnos, mantener conductas saludables, mantener relaciones sociales sanas aprendiendo a escuchar flexible y empáticamente, creando contextos favorecedores de procesos de salud mental. La salud mental es una experiencia de relación física, social y espiritual consigo mismo y el mundo y no se reduce solamente a un buen funcionamiento de nuestra química cerebral.
El concepto clásico de Enfermedad y la Enfermedad mental ¿la Pisiqiuatria biologica es la verdad?
La salud es definida por la Organización Mundial de la Salud como “un estado de bienestar físico, mental y social y no solamente la ausencia de enfermedad”, siendo además la salud mental entendida como “el bienestar emocional y psicológico de la persona en el cual ésta pueda utilizar sus capacidades cognitivas y emocionales, funcionar en sociedad, y resolver las demandas ordinarias de la vida diaria”. Si bien esta definición parece por un lado dejar de lado las concepciones en las que un especialista sea quien juzgue si el organismo está “adecuadamente sano” desde y sólo desde su propia perspectiva médica, no deja por otro lado claro acerca de quién define el criterio acerca de cómo la persona funciona en sociedad y resuelve las demandas diarias. Es la Medicina (particularmente la Psiquiatría) como disciplina de la salud la que en rigor define los parámetros sociales de lo que se entenderá por saludable y por enfermo, utilizando así el mismo concepto para lo que es la salud mental.
La Psiquiatría actual con su modelo biológico, postula que la Depresión, la Psicosis, los Trastornos Bipolares y de Pánico, las Obsesiones y otros, tienen un origen bioquímico y genético, por lo cual deberían ser tratadas con medicamentos. Por otro lado, en una conferencia realizada en la Universidad de Chile, Ruiz (2004) presenta interesantes y objetivos datos que critican la visión médica de la salud mental: una doctora e investigadora británica llamada Mary Boyle menciona que uno de los aspectos más intrigantes acerca de la literatura médica sobre la Esquizofrenia, es la falta de evidencia directa que sostenga la idea de que esta es una enfermedad del cerebro. Otro autor de apellido Pam, nombra la falta de evidencia que describa cuáles son los defectos genéticos y/o bioquímicos relacionados con la totalidad de Trastornos Psiquiátricos existentes en los manuales médicos. El mismo autor acusa que los datos que validan la teoría de las enfermedades mentales no satisfacen los estándares de calidad científica ya que son poco objetivos y sesgados, manipulados por un pensamiento reduccionista que solo enfatiza el aspecto biológico sin mirar e modo realista el resto de las variables en juego. Por tanto, la pregunta obvia es ¿por qué a pesar de la falta de evidencia seguimos pensando que existen enfermedades mentales con base genética o déficits biológicos? Según esta misma autora, la respuesta es simplemente porque la Psiquiatría al tener la noción que este tipo de trastornos son de origen cerebral, genético o bioquímico, no llegan a tomar en cuenta la evidencia empírica, con todas las consecuencias que esto tiene en los tratamientos médicos que recibe la población. Bentall, también refiriéndose sobretodo a la Esquizofrenia y la Depresión, postula que muchos enfoques actuales en relación con el problema de los trastornos Psicológicos sugieren que la Psiquiatría actual (de orientación biológica), la cual es la responsable de catalogar de enfermedades mentales a la mayoría de los trastornos Psicológicos, no tiene el rigor científico que dice tener, siendo biológicamente reduccionista y distorsionando y tergiversando la investigación.
En cuanto a las consecuencias, otro autor llamado Breggin postula incluso a esta rama de la medicina como “Psiquiatría Tóxica”, abriendo un gran debate acerca del gran desarrollo de la industria farmacéutica como consecuencia (en los años 90, la Fluoxetina reportó a los laboratorios Norteamericanos en un solo año, más ingresos que el producto interno bruto de varios países latinoamericanos) de los efectos colaterales de los medicamentos, y de como la mayoría de estos no son resultado de la investigación sistemática sino que han sido descubiertos por azar. Resulta curioso conocer el dato de que la 3º Edición del Manual de Enfermedades Mentales DSM-III (el usado consensualmente en todo el mundo por los Psiquiatras) fue un best-seller, habiendo reportado su primera edición del año 1980 una ganancia de casi 10 millones de dólares a la Asociación Psiquiátrica Americana. En este punto Bentall menciona el concepto de “industrialización de la Psiquiatría”, señalando con esto a la disciplina como una industria con jugosas ganancias económicas, y que las decisiones científico-teóricas poseen más una base política y económica que científica. Cabe destacar que el objetivo de la crítica no es anular el rol médico en salud mental, sino el manejo monetario de éste y al permanecer adherido a ideas y paradigmas obsoletos, no contrastando sus ideas con otras disciplinas y metodologías.
La Psiquiatría actual con su modelo biológico, postula que la Depresión, la Psicosis, los Trastornos Bipolares y de Pánico, las Obsesiones y otros, tienen un origen bioquímico y genético, por lo cual deberían ser tratadas con medicamentos. Por otro lado, en una conferencia realizada en la Universidad de Chile, Ruiz (2004) presenta interesantes y objetivos datos que critican la visión médica de la salud mental: una doctora e investigadora británica llamada Mary Boyle menciona que uno de los aspectos más intrigantes acerca de la literatura médica sobre la Esquizofrenia, es la falta de evidencia directa que sostenga la idea de que esta es una enfermedad del cerebro. Otro autor de apellido Pam, nombra la falta de evidencia que describa cuáles son los defectos genéticos y/o bioquímicos relacionados con la totalidad de Trastornos Psiquiátricos existentes en los manuales médicos. El mismo autor acusa que los datos que validan la teoría de las enfermedades mentales no satisfacen los estándares de calidad científica ya que son poco objetivos y sesgados, manipulados por un pensamiento reduccionista que solo enfatiza el aspecto biológico sin mirar e modo realista el resto de las variables en juego. Por tanto, la pregunta obvia es ¿por qué a pesar de la falta de evidencia seguimos pensando que existen enfermedades mentales con base genética o déficits biológicos? Según esta misma autora, la respuesta es simplemente porque la Psiquiatría al tener la noción que este tipo de trastornos son de origen cerebral, genético o bioquímico, no llegan a tomar en cuenta la evidencia empírica, con todas las consecuencias que esto tiene en los tratamientos médicos que recibe la población. Bentall, también refiriéndose sobretodo a la Esquizofrenia y la Depresión, postula que muchos enfoques actuales en relación con el problema de los trastornos Psicológicos sugieren que la Psiquiatría actual (de orientación biológica), la cual es la responsable de catalogar de enfermedades mentales a la mayoría de los trastornos Psicológicos, no tiene el rigor científico que dice tener, siendo biológicamente reduccionista y distorsionando y tergiversando la investigación.
En cuanto a las consecuencias, otro autor llamado Breggin postula incluso a esta rama de la medicina como “Psiquiatría Tóxica”, abriendo un gran debate acerca del gran desarrollo de la industria farmacéutica como consecuencia (en los años 90, la Fluoxetina reportó a los laboratorios Norteamericanos en un solo año, más ingresos que el producto interno bruto de varios países latinoamericanos) de los efectos colaterales de los medicamentos, y de como la mayoría de estos no son resultado de la investigación sistemática sino que han sido descubiertos por azar. Resulta curioso conocer el dato de que la 3º Edición del Manual de Enfermedades Mentales DSM-III (el usado consensualmente en todo el mundo por los Psiquiatras) fue un best-seller, habiendo reportado su primera edición del año 1980 una ganancia de casi 10 millones de dólares a la Asociación Psiquiátrica Americana. En este punto Bentall menciona el concepto de “industrialización de la Psiquiatría”, señalando con esto a la disciplina como una industria con jugosas ganancias económicas, y que las decisiones científico-teóricas poseen más una base política y económica que científica. Cabe destacar que el objetivo de la crítica no es anular el rol médico en salud mental, sino el manejo monetario de éste y al permanecer adherido a ideas y paradigmas obsoletos, no contrastando sus ideas con otras disciplinas y metodologías.
que sucede cuando nos deprimimos
Cada vez que nos sentimos cansados, “deprimidos” o angustiados lo primero que pensamos es en no darle mucha importancia pensando que “pasará solo”. Cuando alguno de estos estados supera la barrera de lo soportable, nos sobreviene una sensación de pérdida de control de nuestras propias emociones que nos hace buscar una solución afuera de nosotros mismos y contactamos a lo que nosotros mismos conocemos por “especialista”,Este especialista por ende suele ser un Médico General, o uno con especialidad, esto es un Neurólogo o un Psiquiatra. Generalmente tenemos una corta consulta con él, nos hace una receta y tenemos controles con él quincenales o mensuales. A veces el medicamento nos mantiene “lentificados” durante el día, o nos provoca problemas para dormir (demasiado sueño o ausencia de este). Otras veces nos provoca problemas de apetito, en nuestra vida íntima u otros, y cuando vamos a los controles el profesional nos disminuye o aumenta las dosis en relación con lo que le vamos contando sobre los efectos que nos va provocando ¿eso no parece un poco “a pulso”?. También está el hecho de que si bien dejamos de sentir el mareo, el pánico o ya no nos sentimos abatidos, comenzamos a anestesiarnos y nos preguntamos cuándo perdimos la conexión y la armonía con lo que nos rodea. Es bueno detenernos en este punto y realizar una pequeña zambullida en el mundo de la salud y la enfermedad para entender cómo funcionan algunas cosas.
domingo, 6 de septiembre de 2009
sobre el libro
Despertando el Don Bipolar
Es correcta esta perspectiva?
¿No será demasiado esperanzadora?
¿Es posible pensar que un cambio de actitud sobre la bipolaridad puede llevarnos a procurar una ayuda significativa a estos pacientes?
Muchas veces me hago estas preguntas y siempre llego al mismo lugar: ver a personas que han recuperado su salud y su vida, sin mutilarse ni restringirse, y con deseos de construir día a día su felicidad junto a otras, es un testimonio elocuente de que algo de razón hay en estos planteos y en el accionar terapéutico consecuente con ellos.
Es bueno insistir en el hecho de que no se trata sólo de propuestas genéricas, sino que conllevan consecuencias prácticas y técnicas concretas (que son exploradas a lo largo del libro), dirigidas y ordenadas en función del objetivo central que es despertar el don bipolar. Todas estas prácticas y estas técnicas están basadas en una cierta filosofía de trabajo que quiero acabar de explicitar. Veamos:
Existen en la terapéutica tres grandes vías de curación, que coinciden con tres grandes vías de evolución: el amor, la sabiduría y el poder.
La primera vía se refiere a cómo nos transformamos por la alquimia de los ligaduras afectivas. Dado que ningún encuentro es casual y como toda relación nos pude cambiar para mejor, si nos abrimos a una experiencia de auténtico encuentro con otra persona, podemos tener la esperanza de acceder a la sanación de nuestras heridas más profundas. ["Si el mundo fue ya no será una porquería, / porque en el mundo vivimos vos y yo" (Horacio Ferrer).]
La segunda, consiste en el proceso de aprendizaje que no se reduce al mero conocimiento intelectual ni académico, sino que se extiende a la comprensión de la conexión entre todos los aspectos de la existencia y todas las modalidades de la sabiduría. (Una curiosidad -una de las tantas que siempre nos depara la etimología de nuestra lengua-: la palabra "saber" viene del latín y tiene la misma raíz que "sabor". Para los antiguos, un sabio era, sobre todo, aquel que sabía saborear la vida.)
La tercera, no alude al dominio sobre los demás o sobre la naturaleza, sino al poder de convocar y suscitar en uno y en los otros las energías autocurativas capaces de transformar el dolor en felicidad para lo que nos reste de vida, y así poder afirmar como Efraín Huerta que -a pesar de la metáfora fatal y manriqueana de "mar = morir"-: "Nuestras / vidas / son los / ríos / que van / a dar / al / amar / que es / el vivir".
Estos tres caminos son los que hay que hacer converger en el tratamiento de los pacientes bipolares: un amor capaz de ejercer una acción benéfica de metamorfosis sanadora; una sabiduría suficiente que permita comprender las razones y los sentidos de un síntoma como un indicador de una lección que se debe aprender, y el poder de hacer resurgir, desde dentro de la persona, la potencia y el impulso buscador del equilibrio y la salud, y la fibra para dejar atrás las ataduras y fijaciones del pasado.
Desarrollar una terapéutica amorosa, sabia y poderosa ha de ser el propósito que impulse la práctica clínica y lo que todo paciente debe buscar en un tratamiento con el cual se comprometa. Sobre la base de estos valores y criterios es como podrán desplegarse los caminos o vías concretas para la recuperación del equilibrio perdido y del despertar de los talentos dormidos.
En este sentido, y en paralelo a la instalación del eje interior (del cual ya hablamos), acto que casi se convierte en un hecho ritual en el bipolar, los talentos que hay que avivar, para ayudar al proceso de sanación son: creatividad, capacidad de detenerse en los matices, asertividad (fruta madura de la intuición), diversidad (flexibilidad mental) y capacidad de servicio. Éstos son verdaderos poderes curativos por sí mismos, sobre los cuales nunca es suficiente la insistencia (y sobre los cuales aquí solo escribiré algunas líneas, ya que luego serán abordados extensamente).
1. El camino de la creatividad
La curiosidad alimenta la creatividad. El espíritu creativo camina por el mismo sendero que la bipolaridad y esta sintomatología es el resultado, en mucho, de un potencial creativo no desarrollado, mutilado o enfocado equivocadamente. De tal manera que, aunque la creatividad no es el privilegio de algunos sino una característica del ser humano, existen personas que poseen un auténtico talento creativo.
Se asocian a creatividad conceptos como innovación, ingenio, genio, invención, intuición, originalidad, y el mismo término sugiere, también, idea de renovación (renacer cada día), variedad de experiencias, realización, superación y crecimiento personales por medio de la expresividad, capacidad de adaptac ión a situaciones y problemas nuevos, multiplicidad de alternativas, sensibilidad...
Si revisamos este listado vemos toda la influencia que el despliegue de la capacidad creativa puede tener en la sanación de una persona y en especial del bipolar, ya que mucho de lo mencionado constituye rasgos de su personalidad que se encuentran mal encauzados. Como una talla en madera sin concluir, el bipolar tiene las asperezas naturales de algo interrumpido en su fin. Convocarlo a crear lima dichas asperezas y suaviza su carácter y le permite adquirir una disposición a canalizar por esa vía la energía que, de otro modo, se descargaría en la oscilación.
Cuanto más crea el bipolar, más se equilibra, ya que la persona creativa puede escapar a la presión del Inconsciente y los conflictos, expresando sus demandas, mientras que el bipolar sucumbe ante ellas.
Por otra parte he aprendido (sobre todo, en carne más propia de paciente que de terapeuta) que una buena actividad creativa sustituye una parte de la medicación. No es éste el lugar para desplegar estos hechos, pero se hace necesario que mencione, al pasar, que la creatividad provoca un proceso de balance interesante de la bioquímica cerebral, que no sólo mejora el estado general del paciente, sino que le permite disminuir sus dosis de fármacos por compensación de la estimulación en la producción de "drogas" endógenas.
2. El camino de los gradientes
Hemos insistido en varios lugares (y volveremos a hacerlo) en la necesidad que tiene el bipolar de aprender a detenerse en los matices, experiencia que debe acontecer en todos los planos: sensación, palabra, ideas, vínculos...
El bipolar no tiene grises. Es común que, por ejemplo, cuando narra algún episodio de su vida, enuncie un titular (tipo periodístico) y prosiga, como dando por sentado que todos han entendido con esta media palabra la totalidad del asunto. Allí los gradientes consisten en pedirle detalles, es decir, que la persona aprenda a modular la información y a "armar una secuencia". Hay técnicas de texturas en las cuales se le pide al paciente que vaya tomando contacto con diferentes sensaciones táctiles. Lo mismo con el color, la música, la intensidad vocal, los sabores... ¿Qué se busca con ello? Que la persona se detenga y experimente intermedios, medios tonos, escalas, y esa experiencia, que al principio es fundamentalmente sensorial y corporal, se va haciendo no sólo cuerpo sino inscribiendo también en el psiquismo. Entonces, a medida que la persona va pintando con matices, modulando su voz como canto, registrando y diferenciando dejos y tonillos, va asimilando una mayor capacidad de ampliar su arco emocional y disminuyendo su oscilación extrema.
La sucesión pausada es un concepto que escapa de la mente del bipolar cuando funciona inadecuadamente. Su anexión a su vida implica un paso significativo de crecimiento hacia la salud que se va a traducir en sus vínculos, sus afectos, sus rendimientos y su vaivén.
3. El camino de la asertividad
La asertividad es la expresión, en la conciencia, de la actividad intuitiva, reconocida y aceptada. Ser asertivo es tener certidumbre, firmeza y determinación, y la asertividad es una afirmación con conciencia de realidad, un juicio que surge como inmediato, sin duda alguna que lo empañe, sobre una situación o persona en concreto.
Ser asertivo implica, entonces, dominar una excelente capacidad para darse cuenta en qué medida los hechos, las personas, los encuentros y cualquier evento nos afecta en particular, y a partir de este "conocimiento asertivo", proceder en consecuencia, sin desvíos, sin miedos, sin encubrimientos y sin incertidumbres.
El neologismo "asertividad" deriva de la palabra latina assertio y significa "aserción, aseveración, afirmación", y por extensión se le puede dar el sentido de afirmación de la propia personalidad, confianza en sí mismo, autoestima, aplomo, fe en el éxito, verdad, vitalidad pujante, comunicación segura y congruente...
En suma, ser asertivo significa aceptar la responsabilidad de las propias acciones y ser capaz de expresar los pensamientos y convicciones de una manera clara y honesta.
Tan sólo con volver sobre estas líneas apreciamos que tal cualidad está ausente en el bipolar, pero no de una manera estructural, sino meramente funcional, ya que éste posee una gran intuición.
Ahora bien, la asertividad está faltante en el bipolar cuando él no es consecuente con lo que intuye; por otra parte, su dependencia, su necesidad de ser querido y la inseguridad lo alejan de la firmeza y la determinación.
El bipolar, en este terreno, es como una hoja al viento, parece carecer de convicciones sólidas, o cuando las tiene, éstas son más una expresión de fanatismo que auténticas opiniones personales. Por lo tanto, necesita desarrollar fuertemente sus capacidades asertivas y, cuando lo logra, ocurre que mejora de manera sensible su vida, sus relaciones y su comunicación y, por otra parte, reduce sus niveles de oscilación desproporcionada. La Psicología Cognitiva y las técnicas de trabajo asertivo brindan excelentes herramientas para ayudar en este campo.
4. El camino de la diversidad
Aquí nos encontramos con toda una temática bipolar que gira en torno de abrirse a lo diferente sin perder el eje, ser flexible sin volverse un "flan", ante el miedo no amurallarse tras la obstinación, ser resistente pero no duro, ser dúctil pero capaz de sostener las propias convicciones, ser tolerante, negociador y elástico evitando la rigidez, la inflexibilidad y la intransigencia.
La diversidad es en lo mental, lo que la tolerancia en los vínculos, lo que los matices en lo afectivo y la flexibilidad en el cuerpo. Un cuerpo enmohecido refleja una mente cerrada. Un afecto estancado es semejante a un músculo envarado. De manera que un vínculo obsesivo, una emoción atascada, un organismo entumecido y un pensamiento dogmatizado confluyen hacia formas de manifestación diferentes del mismo conflicto. Es "el mismo perro con distinto collar".
La diversidad, en todos sus ámbitos, genera vigor, fluidez, amenidad, conexión y balance, y nos aleja de la monotonía y la indiferencia.
La diversidad también se relaciona con la pluralidad y la abundancia. Ser plural es la condición de ser propicio a aceptar lo distinto. Por este sendero, al estar en contacto con otros puntos de vista y admitirlos como válidos, no sólo nos mantenemos vivos y en movimiento sino que además nos enriquecemos y nutrimos, abriéndonos a la abundancia.
Tanto las técnicas corporales, como las psicológicas, y las artísticas y expresivas, como el arte dramático, el baile, la expresión corporal, e inclusive ciertos deportes fomentan el desarrollo de esta cualidad que permite al bipolar concebirse como uno en la diversidad, ser espontáneo, recuperar autoestima, no cerrarse a la interacción ni a las ideas y alejarse tanto de la actitud de huida de las experiencias nuevas como de la repetición obsedante de lo mismo.
5. La capacidad de servicio
Varios autores señalan la importancia de olvidarse un poco de uno mismo y poner energía en desarrollar una actividad de servicio por los otros. ["Con tu puedo y con mi quiero / vamos juntos compañero" (Benedetti).]
La asignación de tareas o la elección de un compromiso comunitario no sólo ayudan a desarrollar la compasión, el desinterés sano de uno mismo, la preocupación por el bienestar ajeno y muchos otros valores, sino que también, en lo que nos ocupa, enseña a las personas a ver la vida y su propia situación desde una nueva perspectiva. El paciente bipolar, haciendo estas tareas, se siente útil, valioso, puede ejercitar la constancia (que tanta falta le hace), se relaciona con otras personas y, especialmente, se siente dueño de un proyecto real y concreto que va ejecutando y en el cual puede verificar los logros.
Esto puede hacer la diferencia y es notable cómo el dar puede cambiar una vida. Una máxima judía reza: "Las acciones de dar son el fundamento de la vida" y el trabajo de servicio pone a las personas cara a cara con la experiencia amorosa del dar.
Hay que recordar que la bipolaridad nace a partir de una pena de amor y que la manía puede leerse como una negación de esa herida y la melancolía como el culparse por creer haber dañado lo que se amaba. Ambos extremos hacen inviable el contacto sincero con el amor, que es vivido, en cambio, como un "torbellino tormentoso".
Para reconciliarse con el sentimiento, poder sanar el egoísmo y amar a otra persona, lo primero que se tiene que lograr es estar en contacto estrecho, íntimo y sincero con ella (dificultad muy marcada en el bipolar). Y la vía del servicio va desbrozando el camino para permitirle acceder, luego, a relaciones de amor más ceñidas y personales.
Por otra parte, el servicio refuerza la autoaceptación y la autoestima. Al dar amor y preocuparnos por los demás, recibimos amor, gratitud y aceptación, y logramos mejorar nuestra salud física y psíquica así como alcanzar mejores niveles de balance emocional. Podría citar aquí numerosas investigaciones especializadas sobre este punto, en donde se demuestran los efectos terapéuticos del trabajo voluntario sobre el organismo, pero me parece mejor recomendarles un excelente libro de Douglas Lawson que se llama Dar para vivir.
Shakespeare dice que "es la mente que mantiene vivo al cuerpo". Debieron pasar siglos para que completáramos que son los vínculos (sanos) los que mantienen viva (es decir, sana) a la mente.
El servicio hace converger, en un mismo campo de experiencia, amor, relaciones, mente y cuerpo, y permite hacer fluir las energías estancadas, que se transforman en una acción productiva, que se traduce, así, en un avance importante en el equilibrio emocional de los bipolares.
(Material extraído de LA REDBIPOLAR)
Es correcta esta perspectiva?
¿No será demasiado esperanzadora?
¿Es posible pensar que un cambio de actitud sobre la bipolaridad puede llevarnos a procurar una ayuda significativa a estos pacientes?
Muchas veces me hago estas preguntas y siempre llego al mismo lugar: ver a personas que han recuperado su salud y su vida, sin mutilarse ni restringirse, y con deseos de construir día a día su felicidad junto a otras, es un testimonio elocuente de que algo de razón hay en estos planteos y en el accionar terapéutico consecuente con ellos.
Es bueno insistir en el hecho de que no se trata sólo de propuestas genéricas, sino que conllevan consecuencias prácticas y técnicas concretas (que son exploradas a lo largo del libro), dirigidas y ordenadas en función del objetivo central que es despertar el don bipolar. Todas estas prácticas y estas técnicas están basadas en una cierta filosofía de trabajo que quiero acabar de explicitar. Veamos:
Existen en la terapéutica tres grandes vías de curación, que coinciden con tres grandes vías de evolución: el amor, la sabiduría y el poder.
La primera vía se refiere a cómo nos transformamos por la alquimia de los ligaduras afectivas. Dado que ningún encuentro es casual y como toda relación nos pude cambiar para mejor, si nos abrimos a una experiencia de auténtico encuentro con otra persona, podemos tener la esperanza de acceder a la sanación de nuestras heridas más profundas. ["Si el mundo fue ya no será una porquería, / porque en el mundo vivimos vos y yo" (Horacio Ferrer).]
La segunda, consiste en el proceso de aprendizaje que no se reduce al mero conocimiento intelectual ni académico, sino que se extiende a la comprensión de la conexión entre todos los aspectos de la existencia y todas las modalidades de la sabiduría. (Una curiosidad -una de las tantas que siempre nos depara la etimología de nuestra lengua-: la palabra "saber" viene del latín y tiene la misma raíz que "sabor". Para los antiguos, un sabio era, sobre todo, aquel que sabía saborear la vida.)
La tercera, no alude al dominio sobre los demás o sobre la naturaleza, sino al poder de convocar y suscitar en uno y en los otros las energías autocurativas capaces de transformar el dolor en felicidad para lo que nos reste de vida, y así poder afirmar como Efraín Huerta que -a pesar de la metáfora fatal y manriqueana de "mar = morir"-: "Nuestras / vidas / son los / ríos / que van / a dar / al / amar / que es / el vivir".
Estos tres caminos son los que hay que hacer converger en el tratamiento de los pacientes bipolares: un amor capaz de ejercer una acción benéfica de metamorfosis sanadora; una sabiduría suficiente que permita comprender las razones y los sentidos de un síntoma como un indicador de una lección que se debe aprender, y el poder de hacer resurgir, desde dentro de la persona, la potencia y el impulso buscador del equilibrio y la salud, y la fibra para dejar atrás las ataduras y fijaciones del pasado.
Desarrollar una terapéutica amorosa, sabia y poderosa ha de ser el propósito que impulse la práctica clínica y lo que todo paciente debe buscar en un tratamiento con el cual se comprometa. Sobre la base de estos valores y criterios es como podrán desplegarse los caminos o vías concretas para la recuperación del equilibrio perdido y del despertar de los talentos dormidos.
En este sentido, y en paralelo a la instalación del eje interior (del cual ya hablamos), acto que casi se convierte en un hecho ritual en el bipolar, los talentos que hay que avivar, para ayudar al proceso de sanación son: creatividad, capacidad de detenerse en los matices, asertividad (fruta madura de la intuición), diversidad (flexibilidad mental) y capacidad de servicio. Éstos son verdaderos poderes curativos por sí mismos, sobre los cuales nunca es suficiente la insistencia (y sobre los cuales aquí solo escribiré algunas líneas, ya que luego serán abordados extensamente).
1. El camino de la creatividad
La curiosidad alimenta la creatividad. El espíritu creativo camina por el mismo sendero que la bipolaridad y esta sintomatología es el resultado, en mucho, de un potencial creativo no desarrollado, mutilado o enfocado equivocadamente. De tal manera que, aunque la creatividad no es el privilegio de algunos sino una característica del ser humano, existen personas que poseen un auténtico talento creativo.
Se asocian a creatividad conceptos como innovación, ingenio, genio, invención, intuición, originalidad, y el mismo término sugiere, también, idea de renovación (renacer cada día), variedad de experiencias, realización, superación y crecimiento personales por medio de la expresividad, capacidad de adaptac ión a situaciones y problemas nuevos, multiplicidad de alternativas, sensibilidad...
Si revisamos este listado vemos toda la influencia que el despliegue de la capacidad creativa puede tener en la sanación de una persona y en especial del bipolar, ya que mucho de lo mencionado constituye rasgos de su personalidad que se encuentran mal encauzados. Como una talla en madera sin concluir, el bipolar tiene las asperezas naturales de algo interrumpido en su fin. Convocarlo a crear lima dichas asperezas y suaviza su carácter y le permite adquirir una disposición a canalizar por esa vía la energía que, de otro modo, se descargaría en la oscilación.
Cuanto más crea el bipolar, más se equilibra, ya que la persona creativa puede escapar a la presión del Inconsciente y los conflictos, expresando sus demandas, mientras que el bipolar sucumbe ante ellas.
Por otra parte he aprendido (sobre todo, en carne más propia de paciente que de terapeuta) que una buena actividad creativa sustituye una parte de la medicación. No es éste el lugar para desplegar estos hechos, pero se hace necesario que mencione, al pasar, que la creatividad provoca un proceso de balance interesante de la bioquímica cerebral, que no sólo mejora el estado general del paciente, sino que le permite disminuir sus dosis de fármacos por compensación de la estimulación en la producción de "drogas" endógenas.
2. El camino de los gradientes
Hemos insistido en varios lugares (y volveremos a hacerlo) en la necesidad que tiene el bipolar de aprender a detenerse en los matices, experiencia que debe acontecer en todos los planos: sensación, palabra, ideas, vínculos...
El bipolar no tiene grises. Es común que, por ejemplo, cuando narra algún episodio de su vida, enuncie un titular (tipo periodístico) y prosiga, como dando por sentado que todos han entendido con esta media palabra la totalidad del asunto. Allí los gradientes consisten en pedirle detalles, es decir, que la persona aprenda a modular la información y a "armar una secuencia". Hay técnicas de texturas en las cuales se le pide al paciente que vaya tomando contacto con diferentes sensaciones táctiles. Lo mismo con el color, la música, la intensidad vocal, los sabores... ¿Qué se busca con ello? Que la persona se detenga y experimente intermedios, medios tonos, escalas, y esa experiencia, que al principio es fundamentalmente sensorial y corporal, se va haciendo no sólo cuerpo sino inscribiendo también en el psiquismo. Entonces, a medida que la persona va pintando con matices, modulando su voz como canto, registrando y diferenciando dejos y tonillos, va asimilando una mayor capacidad de ampliar su arco emocional y disminuyendo su oscilación extrema.
La sucesión pausada es un concepto que escapa de la mente del bipolar cuando funciona inadecuadamente. Su anexión a su vida implica un paso significativo de crecimiento hacia la salud que se va a traducir en sus vínculos, sus afectos, sus rendimientos y su vaivén.
3. El camino de la asertividad
La asertividad es la expresión, en la conciencia, de la actividad intuitiva, reconocida y aceptada. Ser asertivo es tener certidumbre, firmeza y determinación, y la asertividad es una afirmación con conciencia de realidad, un juicio que surge como inmediato, sin duda alguna que lo empañe, sobre una situación o persona en concreto.
Ser asertivo implica, entonces, dominar una excelente capacidad para darse cuenta en qué medida los hechos, las personas, los encuentros y cualquier evento nos afecta en particular, y a partir de este "conocimiento asertivo", proceder en consecuencia, sin desvíos, sin miedos, sin encubrimientos y sin incertidumbres.
El neologismo "asertividad" deriva de la palabra latina assertio y significa "aserción, aseveración, afirmación", y por extensión se le puede dar el sentido de afirmación de la propia personalidad, confianza en sí mismo, autoestima, aplomo, fe en el éxito, verdad, vitalidad pujante, comunicación segura y congruente...
En suma, ser asertivo significa aceptar la responsabilidad de las propias acciones y ser capaz de expresar los pensamientos y convicciones de una manera clara y honesta.
Tan sólo con volver sobre estas líneas apreciamos que tal cualidad está ausente en el bipolar, pero no de una manera estructural, sino meramente funcional, ya que éste posee una gran intuición.
Ahora bien, la asertividad está faltante en el bipolar cuando él no es consecuente con lo que intuye; por otra parte, su dependencia, su necesidad de ser querido y la inseguridad lo alejan de la firmeza y la determinación.
El bipolar, en este terreno, es como una hoja al viento, parece carecer de convicciones sólidas, o cuando las tiene, éstas son más una expresión de fanatismo que auténticas opiniones personales. Por lo tanto, necesita desarrollar fuertemente sus capacidades asertivas y, cuando lo logra, ocurre que mejora de manera sensible su vida, sus relaciones y su comunicación y, por otra parte, reduce sus niveles de oscilación desproporcionada. La Psicología Cognitiva y las técnicas de trabajo asertivo brindan excelentes herramientas para ayudar en este campo.
4. El camino de la diversidad
Aquí nos encontramos con toda una temática bipolar que gira en torno de abrirse a lo diferente sin perder el eje, ser flexible sin volverse un "flan", ante el miedo no amurallarse tras la obstinación, ser resistente pero no duro, ser dúctil pero capaz de sostener las propias convicciones, ser tolerante, negociador y elástico evitando la rigidez, la inflexibilidad y la intransigencia.
La diversidad es en lo mental, lo que la tolerancia en los vínculos, lo que los matices en lo afectivo y la flexibilidad en el cuerpo. Un cuerpo enmohecido refleja una mente cerrada. Un afecto estancado es semejante a un músculo envarado. De manera que un vínculo obsesivo, una emoción atascada, un organismo entumecido y un pensamiento dogmatizado confluyen hacia formas de manifestación diferentes del mismo conflicto. Es "el mismo perro con distinto collar".
La diversidad, en todos sus ámbitos, genera vigor, fluidez, amenidad, conexión y balance, y nos aleja de la monotonía y la indiferencia.
La diversidad también se relaciona con la pluralidad y la abundancia. Ser plural es la condición de ser propicio a aceptar lo distinto. Por este sendero, al estar en contacto con otros puntos de vista y admitirlos como válidos, no sólo nos mantenemos vivos y en movimiento sino que además nos enriquecemos y nutrimos, abriéndonos a la abundancia.
Tanto las técnicas corporales, como las psicológicas, y las artísticas y expresivas, como el arte dramático, el baile, la expresión corporal, e inclusive ciertos deportes fomentan el desarrollo de esta cualidad que permite al bipolar concebirse como uno en la diversidad, ser espontáneo, recuperar autoestima, no cerrarse a la interacción ni a las ideas y alejarse tanto de la actitud de huida de las experiencias nuevas como de la repetición obsedante de lo mismo.
5. La capacidad de servicio
Varios autores señalan la importancia de olvidarse un poco de uno mismo y poner energía en desarrollar una actividad de servicio por los otros. ["Con tu puedo y con mi quiero / vamos juntos compañero" (Benedetti).]
La asignación de tareas o la elección de un compromiso comunitario no sólo ayudan a desarrollar la compasión, el desinterés sano de uno mismo, la preocupación por el bienestar ajeno y muchos otros valores, sino que también, en lo que nos ocupa, enseña a las personas a ver la vida y su propia situación desde una nueva perspectiva. El paciente bipolar, haciendo estas tareas, se siente útil, valioso, puede ejercitar la constancia (que tanta falta le hace), se relaciona con otras personas y, especialmente, se siente dueño de un proyecto real y concreto que va ejecutando y en el cual puede verificar los logros.
Esto puede hacer la diferencia y es notable cómo el dar puede cambiar una vida. Una máxima judía reza: "Las acciones de dar son el fundamento de la vida" y el trabajo de servicio pone a las personas cara a cara con la experiencia amorosa del dar.
Hay que recordar que la bipolaridad nace a partir de una pena de amor y que la manía puede leerse como una negación de esa herida y la melancolía como el culparse por creer haber dañado lo que se amaba. Ambos extremos hacen inviable el contacto sincero con el amor, que es vivido, en cambio, como un "torbellino tormentoso".
Para reconciliarse con el sentimiento, poder sanar el egoísmo y amar a otra persona, lo primero que se tiene que lograr es estar en contacto estrecho, íntimo y sincero con ella (dificultad muy marcada en el bipolar). Y la vía del servicio va desbrozando el camino para permitirle acceder, luego, a relaciones de amor más ceñidas y personales.
Por otra parte, el servicio refuerza la autoaceptación y la autoestima. Al dar amor y preocuparnos por los demás, recibimos amor, gratitud y aceptación, y logramos mejorar nuestra salud física y psíquica así como alcanzar mejores niveles de balance emocional. Podría citar aquí numerosas investigaciones especializadas sobre este punto, en donde se demuestran los efectos terapéuticos del trabajo voluntario sobre el organismo, pero me parece mejor recomendarles un excelente libro de Douglas Lawson que se llama Dar para vivir.
Shakespeare dice que "es la mente que mantiene vivo al cuerpo". Debieron pasar siglos para que completáramos que son los vínculos (sanos) los que mantienen viva (es decir, sana) a la mente.
El servicio hace converger, en un mismo campo de experiencia, amor, relaciones, mente y cuerpo, y permite hacer fluir las energías estancadas, que se transforman en una acción productiva, que se traduce, así, en un avance importante en el equilibrio emocional de los bipolares.
(Material extraído de LA REDBIPOLAR)
el problema existe, pero tiene solución
‘ Una de las cosas fundamentales que tiene que cambiar en el futuro de la medicina es este enfoque en los genes como la solución a todas las enfermedades’
‘ Los científicos están examinando el cuerpo a través de la lente de la física cuántica y han descubierto que somos mucho más que máquinas bioquímicas’
‘ La materia es energía comprimida. La información son patrones de energía. Hay un fluido de información en nuestros cuerpos. La regulación de todo el organismo y la coordinación de todas las células se consigue con campos de información’ desde la física quántica nuestro cuerpo es energía comprimida, paquetes de energía que fluyen y cambian con un patrón armónico, eso son los genes.
Si todo es energía comprimida en pequeños bloques que fluyen y cambian a cada instante, ¿pero a que es debido esos cambios?
Evidentemente esos cambios, en gran medida son producidos por las relaciones con el entorno y nuestras experiencias.
Desde genética clásica se dice que los genes son responsables de las enfermedades, ¿mas no es posible que desde el visión mecánico quántica esos genes no sean deterministas si no que puedan producir o bien la enfermedad o la curación?.
La prevalecía de una enfermedad impuesta por el código genético es algo real, de alguna manera la opción de enfermar existe, aun así pienso que en el caso del espectro bipolar esta prevalecía no es determinista, el ser bipolar puede remitir, quizá la curación es improbable pues estamos predispuestos a sufrir cambios y digo predispuestos, tengo la intuición la desestabilización proviene de la incapacidad para traducir las experiencias positivamente en la psique del individuo.
‘ Los científicos están examinando el cuerpo a través de la lente de la física cuántica y han descubierto que somos mucho más que máquinas bioquímicas’
‘ La materia es energía comprimida. La información son patrones de energía. Hay un fluido de información en nuestros cuerpos. La regulación de todo el organismo y la coordinación de todas las células se consigue con campos de información’ desde la física quántica nuestro cuerpo es energía comprimida, paquetes de energía que fluyen y cambian con un patrón armónico, eso son los genes.
Si todo es energía comprimida en pequeños bloques que fluyen y cambian a cada instante, ¿pero a que es debido esos cambios?
Evidentemente esos cambios, en gran medida son producidos por las relaciones con el entorno y nuestras experiencias.
Desde genética clásica se dice que los genes son responsables de las enfermedades, ¿mas no es posible que desde el visión mecánico quántica esos genes no sean deterministas si no que puedan producir o bien la enfermedad o la curación?.
La prevalecía de una enfermedad impuesta por el código genético es algo real, de alguna manera la opción de enfermar existe, aun así pienso que en el caso del espectro bipolar esta prevalecía no es determinista, el ser bipolar puede remitir, quizá la curación es improbable pues estamos predispuestos a sufrir cambios y digo predispuestos, tengo la intuición la desestabilización proviene de la incapacidad para traducir las experiencias positivamente en la psique del individuo.
Parece que el amor calma
En años recientes se han realizado apasionantes descubrimientos científicos acerca de una hormona cuyo sorprendente papel en el cuerpo humano, durante mucho tiempo, no se ha tenido en cuenta. Nos referimos a la oxitocina, la poderosa hormona responsable de nuestra relación con los demás, del sexo y del nacimiento, así como de la sensación de calma y relajación. Su acción es justo la contraria a la de la hormona del estrés, la adrenalina: la que desencadena los sistemas de «lucha o huida» en el organismo.
Se ha escrito mucho sobre ello, pero la importancia polifacética de la oxitocina, hoy por hoy, sólo es conocida por los profesionales de la obstetricia, de la psicología y por algunos psiquiatras.
tendremos que decir que todos buscamos la calma y la relajación, que nos proporciona un amor romamtico y armónico, por ello todos nos lanzamos a la busqueda de una relación de pareja, pues esta comprobado que nos produce estados que nos ayudan a ser felices.
ya decia yo que el amor calma sera por la oxitocina
Nuestros cuerpos están bien suplidos con la presencia de neurotransmisores y hormonas que facilitando la efectividad de sus actividades nos mejoran las actividades vitales
Se ha escrito mucho sobre ello, pero la importancia polifacética de la oxitocina, hoy por hoy, sólo es conocida por los profesionales de la obstetricia, de la psicología y por algunos psiquiatras.
tendremos que decir que todos buscamos la calma y la relajación, que nos proporciona un amor romamtico y armónico, por ello todos nos lanzamos a la busqueda de una relación de pareja, pues esta comprobado que nos produce estados que nos ayudan a ser felices.
ya decia yo que el amor calma sera por la oxitocina
Nuestros cuerpos están bien suplidos con la presencia de neurotransmisores y hormonas que facilitando la efectividad de sus actividades nos mejoran las actividades vitales
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