lunes, 14 de septiembre de 2009
Los síntomas bipolares son intentos fracasados de curación.
Los traumas significativos de la vida ocurren en los primeros tiempos, desde la gestación hasta los dos o tres años de vida. Todos ellos son traumas en el amor, es decir, experiencias vividas como el desamor. El bebe no tiene el concepto de amor que tenemos nosotros. Para él se trata de una experiencia corporal de completud o carencia. El oxígeno, el alimento, el contacto materno son los ladrillos con los cuales edifica su vida amorosa y si le faltan se establece una carencia, un trauma. Eso puede llevar, por un complejo, recorrido a la bipolaridad. Basta recordar que estas vivencias de desamor provocan una intoxicación de los neurotransmisores y un debilitamiento de las conexiones axonales para poder imaginar las huellas que dejan en lo psíquico. Cuando el bebé siente que no le dan lo que necesita es posible que lo interprete de este modo: si no me dan es por que no lo merezco y si no lo merezco por que soy indigno. Este circuito queda grabado y lleva a diversos síntomas emocionales como a la manía y la depresión. Hay que ayudar a que el paciente desbloquee esta energía estancada y sane la herida y esto solo lo puede hacer reviviendo.
La ausencia de emociones
Tras analizarme y estudiarme, me he dado cuenta que las emociones que no expresamos nos enferman, que los síntomas están en el lugar de una emoción que falta.
El amor no expresado, nuestra sexualidad no expresada, los sentimientos de ternura, de cariño, todas estas emociones si no se expresan provocan en nosotros represión y cuando hay represión se produce una situación de estrés, el estrés resultante ataca el cuerpo de diversas maneras produciendo desequilibrios tanto a nivel somático como a nivel psíquico.
los síntomas no son algo negativo sino signos que nos hablan de apegos en los cuales estamos atrapados y que no nos permiten evolucionar. Nuestro yo representa la expresión fiel de nuestras necesidades como seres humanos, que caminamos por la tierra, el yo desea expresarse y crear, para proseguir su camino espiritual.
la realización de las experiencias vivénciales nos llevan a una vida plena y en esta se mantiene la salud y la estabilidad.
El amor no expresado, nuestra sexualidad no expresada, los sentimientos de ternura, de cariño, todas estas emociones si no se expresan provocan en nosotros represión y cuando hay represión se produce una situación de estrés, el estrés resultante ataca el cuerpo de diversas maneras produciendo desequilibrios tanto a nivel somático como a nivel psíquico.
los síntomas no son algo negativo sino signos que nos hablan de apegos en los cuales estamos atrapados y que no nos permiten evolucionar. Nuestro yo representa la expresión fiel de nuestras necesidades como seres humanos, que caminamos por la tierra, el yo desea expresarse y crear, para proseguir su camino espiritual.
la realización de las experiencias vivénciales nos llevan a una vida plena y en esta se mantiene la salud y la estabilidad.
He aqui, el anhelo de amor de un corazón bipolar
Te quiero, quiero estar a tu lado siempre...
te busque en mis sueños y te encuentro, para desearte cada vez más,
no quiero fantasías, quiero una realidad vivida, una experiencia de vida a tu lado, un mundo de realidades. quiero que vengas, no importa si ahora no tengo el cuerpo bello ni si duermo mal o si aun no tengo esto o lo otro, no hay excusas, ya quiero tenerte y vivirte...
Quiero sentir el efecto que produces en mi, tal y como lo intuyo ahora y siempre. Quiero conocer tu mirada, tus gestos, tus deseos y anhelos, saber que te disgusta y que te hace sentir bien, quiero tocar, oler, gustar, oír, sentir tu cuerpo, tu corazón y tu mente, quiero lo indecible te he esperado siempre a ti, solo a ti, no busco mas, solo quiero tu presencia en mis noches y tu aliento en mis días,
quiero añorarte en el presente y sentirte en mis recuerdos
te quiero
te amare, como no te amo nunca nadie en toda tu vida, sentirás que hay mas de lo que expreso en mis palabras, no hay limites ante la perspectiva de poder ser algo tan especial para ti como tu lo eres para mi ahora, insuflado de pasión se desborda mi corazón y me llena de amargura el no tenerte en mis brazos
que rabia no tenerte ahora mismo
no sabes cuanto amor, deseo, pasión, lujuria, cariño, ternura, comprensión, aceptación, entrega y romance hay en mis venas...
Cada día que despierto añoro el alma que tu tienes, el deseo que me penetra hasta los huesos de tenerte en mis brazos.
domingo, 13 de septiembre de 2009
Obstáculos o bloqueos psicológicos
Los principales obstáculos o bloqueos psicológicos provocan perjuicios en todas las áreas vitales de la vida. Son inconscientes, y generalmente actúan conjuntamente.
Haremos una descripción de los más comunes y frecuentes que se presentan en muchos de nosotros.
Perdida de contacto con los propios sentimientos: es la incapacidad para sentir y expresar sentimientos y emociones de amor, alegría, rabia, tristeza, miedo, etc.
Evitación de los problemas para no experimentar sufrimiento: el refrán "más vale conocido que bueno por conocer" ilustra este bloqueo psicológico. Ante una opción diferente y desconocida, la persona se carga de ansiedad y temor por enfrentar la posibilidad de cambio, y lo que podría ser una situación provechosa se transforma en una amenazante y que paraliza a la persona.
Desconocer nuestra escala de valores: esto es como si no los tuviéramos, y nos dificulta ordenar los sucesos de nuestra vida de acuerdo a determinadas prioridades.
Escasa autoestima o falta de confianza en sí mismo: minimiza mis posibilidades, pues descreo de las capacidades que poseo.
Desesperanza, depresión y ansiedad: son síntomas de dificultades más profundas y la mayoría de las veces requieren ayuda profesional.
Idealización o imagen irreal del propio yo: constituye una forma de compensación destinada a disimular y contrarrestar la desconfianza personal.
Dependencia de los demás y necesidad obsesiva de agradar: no permite elegir por sí, sino de acuerdo a lo que desean los otros, necesita agradar por lo que no puede satisfacer los propios gustos.
Búsqueda constante del reconocimiento y del primer lugar: se trata de llamar la atención, de ser admirados ante que estimados.
Perfeccionismo y afán de tenerlo todo: consiste en la creencia de que hay situaciones y decisiones perfectas y acarrea el temor de obtener un resultado imperfecto.
Esperanza de cosas mejores, anhelo de lo que no se tiene, desprecio por lo que se tiene y vivir de ilusiones: lo más característico de este obstáculo son las interminables demoras y esperas en que se ve envuelta la persona. Desaprovecha lo que tiene por mirar lo que no tiene o no puede, y las ilusiones me insertan en un mundo imaginario y poco real.
Pensar negativamente: me inhabilita en la búsqueda de soluciones. Pensar en positivo me lleva a observar las características buenas que tengo.
Compararse permanentemente con otros: me dificulta entender que todas las personas somos diferentes, con cualidades positivas y negativas.
No confiar en nosotros mismos: nos impide creer en nuestras capacidades, opiniones, y no podemos actuar de acuerdo a lo que sentimos y pensamos, sin preocuparnos por la aprobación de los demás.
No aceptarnos a nosotros mismos: debemos aceptar que con nuestras cualidades y defectos, somos ante todo, personas importantes y valiosas.
No poder decir que NO: nos implica en múltiples situaciones disfuncionales.
casi imposible luchar contra un enemigo invisible o desconocido, por lo tanto es necesario conocer los bloqueos, identificarlos y comprenderlos para actuar en consecuencia.
A veces la persona puede darse cuenta de que está atrapada en algún o algunos de los bloqueos, lo que ya constituye un primer paso para abandonar hábitos negativos, luego tendrá que esforzarse en un cambio.
Sin embargo, cuando la persona por sí misma no puede lograrlo ( porque la persona está desorganizada, tiene grandes problemas de autoestima, hay trastornos de sentimientos, pensamientos y emociones) se requiere de ayuda profesional para recibir orientación y las intervenciones necesarias para corregir la problemática.
Haremos una descripción de los más comunes y frecuentes que se presentan en muchos de nosotros.
Perdida de contacto con los propios sentimientos: es la incapacidad para sentir y expresar sentimientos y emociones de amor, alegría, rabia, tristeza, miedo, etc.
Evitación de los problemas para no experimentar sufrimiento: el refrán "más vale conocido que bueno por conocer" ilustra este bloqueo psicológico. Ante una opción diferente y desconocida, la persona se carga de ansiedad y temor por enfrentar la posibilidad de cambio, y lo que podría ser una situación provechosa se transforma en una amenazante y que paraliza a la persona.
Desconocer nuestra escala de valores: esto es como si no los tuviéramos, y nos dificulta ordenar los sucesos de nuestra vida de acuerdo a determinadas prioridades.
Escasa autoestima o falta de confianza en sí mismo: minimiza mis posibilidades, pues descreo de las capacidades que poseo.
Desesperanza, depresión y ansiedad: son síntomas de dificultades más profundas y la mayoría de las veces requieren ayuda profesional.
Idealización o imagen irreal del propio yo: constituye una forma de compensación destinada a disimular y contrarrestar la desconfianza personal.
Dependencia de los demás y necesidad obsesiva de agradar: no permite elegir por sí, sino de acuerdo a lo que desean los otros, necesita agradar por lo que no puede satisfacer los propios gustos.
Búsqueda constante del reconocimiento y del primer lugar: se trata de llamar la atención, de ser admirados ante que estimados.
Perfeccionismo y afán de tenerlo todo: consiste en la creencia de que hay situaciones y decisiones perfectas y acarrea el temor de obtener un resultado imperfecto.
Esperanza de cosas mejores, anhelo de lo que no se tiene, desprecio por lo que se tiene y vivir de ilusiones: lo más característico de este obstáculo son las interminables demoras y esperas en que se ve envuelta la persona. Desaprovecha lo que tiene por mirar lo que no tiene o no puede, y las ilusiones me insertan en un mundo imaginario y poco real.
Pensar negativamente: me inhabilita en la búsqueda de soluciones. Pensar en positivo me lleva a observar las características buenas que tengo.
Compararse permanentemente con otros: me dificulta entender que todas las personas somos diferentes, con cualidades positivas y negativas.
No confiar en nosotros mismos: nos impide creer en nuestras capacidades, opiniones, y no podemos actuar de acuerdo a lo que sentimos y pensamos, sin preocuparnos por la aprobación de los demás.
No aceptarnos a nosotros mismos: debemos aceptar que con nuestras cualidades y defectos, somos ante todo, personas importantes y valiosas.
No poder decir que NO: nos implica en múltiples situaciones disfuncionales.
casi imposible luchar contra un enemigo invisible o desconocido, por lo tanto es necesario conocer los bloqueos, identificarlos y comprenderlos para actuar en consecuencia.
A veces la persona puede darse cuenta de que está atrapada en algún o algunos de los bloqueos, lo que ya constituye un primer paso para abandonar hábitos negativos, luego tendrá que esforzarse en un cambio.
Sin embargo, cuando la persona por sí misma no puede lograrlo ( porque la persona está desorganizada, tiene grandes problemas de autoestima, hay trastornos de sentimientos, pensamientos y emociones) se requiere de ayuda profesional para recibir orientación y las intervenciones necesarias para corregir la problemática.
Siempre postergo las cosas, nunca termino nada.
Muchas personas sienten que son incapaces de terminar cualquier actividad o tarea que hayan iniciado, desde acomodar una biblioteca, un cuarto, un curso de inglés, de computación, baile, clases de tenis, una carrera universitaria, una dieta, un proyecto de trabajo, algún emprendimiento laboral, etc., etc. Pero ¿Por qué les sucede eso? ¿Lo hacen a propósito? ¿Realmente no pueden concluir nada de lo emprendido? ¿Encuentran excusas a cada paso que les truncan el logro de su objetivo inicial?
Por lo general al iniciar una nueva actividad las personas se sienten entusiasmadas y contentas. A medida que transcurre el tiempo van perdiendo interés y su voluntad desaparece de la mano de un sinfín de “razones-excusas”: el curso es caro, queda lejos, es incómodo para viajar, la gente no me gusta mucho, empiezo a ver demasiados puntos negativos, estoy cansado, me enfermé, pienso que no voy a poder, esto no vale la pena, no es para mi, etc.
Quizás varias cosas hacen intersección dentro de uno para que ocurran estas cosas. Puede haber una gran dosis de inmadurez, como actitudes adolescentes, que hacen dejar todo inconcluso.
- Postergar cada cosa para otro momento también nos lleva a no poder finalizar lo iniciado.
- Sentir miedo por llegar al fin y tener que enfrentar una situación de duelo por lo terminado.
- Vivir sin límites de tiempo me impide poner plazos para concretar una tarea.
- Terminar un proyecto me enfrenta de algún modo con alguna pérdida.
- No conseguir el objetivo evita enfrentarme con mis verdaderas capacidades.
- No llegar al objetivo final me resguarda de decepciones y frustraciones.
- Descreer de mis posibilidades me lleva a fracasar.
Muchas veces no podemos distinguir entre deseo y voluntad. Cuando hablamos del deseo estamos ubicados en un plano mental, de imaginar, fantasear con algo y esto no nos asegura que logremos el objetivo.
Cuando hablamos de tener un propósito seguramente llegaremos al objetivo de la mano de la voluntad y el tiempo. Si nos quedamos anclados en el deseo estaremos en el plano ideal escapando de la realidad.
Por el contrario, focalizarnos en un objetivo nos lleva al orden de lo concreto, donde podemos diseñar las diferentes etapas que nos lleven al fin del camino, o sea a la meta prefijada.
Trabajar sobre algunos puntos internos nos facilitará salir de éste círculo vicioso que una y otra vez nos paraliza y somete al abandono:
Enfocar racionalmente el proyecto a realizar.
Seleccionar un objetivo que esté dentro de nuestras posibilidades.
Elegir un objetivo simple para empezar con el fin de no bloquearnos con grandes obstáculos y sufrir desilusiones que me hagan abandonar el proyecto.
Elaborar un plan de trabajo con objetivos concretos, ver cuales son las etapas a realizar y cuanto tiempo necesitaré para cada una.
Avanzar progresivamente, registrando logros y dificultades.
Proyectarnos en el futuro pensando que alcanzamos el objetivo y preguntarnos como cambiará esto nuestra vida.
Pensar en los beneficios personales, profesionales, económicos que me aportará el logro.
Felicitarse por cada etapa conseguida, por cada logro, sea parcial o total.
Solamente pudiendo romper el círculo vicioso que nos atrapa en fracasos continuos podremos entrar en un círculo virtuoso que nos lleve al logro de nuestros objetivos.
Por lo general al iniciar una nueva actividad las personas se sienten entusiasmadas y contentas. A medida que transcurre el tiempo van perdiendo interés y su voluntad desaparece de la mano de un sinfín de “razones-excusas”: el curso es caro, queda lejos, es incómodo para viajar, la gente no me gusta mucho, empiezo a ver demasiados puntos negativos, estoy cansado, me enfermé, pienso que no voy a poder, esto no vale la pena, no es para mi, etc.
Quizás varias cosas hacen intersección dentro de uno para que ocurran estas cosas. Puede haber una gran dosis de inmadurez, como actitudes adolescentes, que hacen dejar todo inconcluso.
- Postergar cada cosa para otro momento también nos lleva a no poder finalizar lo iniciado.
- Sentir miedo por llegar al fin y tener que enfrentar una situación de duelo por lo terminado.
- Vivir sin límites de tiempo me impide poner plazos para concretar una tarea.
- Terminar un proyecto me enfrenta de algún modo con alguna pérdida.
- No conseguir el objetivo evita enfrentarme con mis verdaderas capacidades.
- No llegar al objetivo final me resguarda de decepciones y frustraciones.
- Descreer de mis posibilidades me lleva a fracasar.
Muchas veces no podemos distinguir entre deseo y voluntad. Cuando hablamos del deseo estamos ubicados en un plano mental, de imaginar, fantasear con algo y esto no nos asegura que logremos el objetivo.
Cuando hablamos de tener un propósito seguramente llegaremos al objetivo de la mano de la voluntad y el tiempo. Si nos quedamos anclados en el deseo estaremos en el plano ideal escapando de la realidad.
Por el contrario, focalizarnos en un objetivo nos lleva al orden de lo concreto, donde podemos diseñar las diferentes etapas que nos lleven al fin del camino, o sea a la meta prefijada.
Trabajar sobre algunos puntos internos nos facilitará salir de éste círculo vicioso que una y otra vez nos paraliza y somete al abandono:
Enfocar racionalmente el proyecto a realizar.
Seleccionar un objetivo que esté dentro de nuestras posibilidades.
Elegir un objetivo simple para empezar con el fin de no bloquearnos con grandes obstáculos y sufrir desilusiones que me hagan abandonar el proyecto.
Elaborar un plan de trabajo con objetivos concretos, ver cuales son las etapas a realizar y cuanto tiempo necesitaré para cada una.
Avanzar progresivamente, registrando logros y dificultades.
Proyectarnos en el futuro pensando que alcanzamos el objetivo y preguntarnos como cambiará esto nuestra vida.
Pensar en los beneficios personales, profesionales, económicos que me aportará el logro.
Felicitarse por cada etapa conseguida, por cada logro, sea parcial o total.
Solamente pudiendo romper el círculo vicioso que nos atrapa en fracasos continuos podremos entrar en un círculo virtuoso que nos lleve al logro de nuestros objetivos.
Para Tomar el Control
Tomar el control de nuestra propia vida solamente puede ser decisión nuestra. Si bien es posible y absolutamente necesario, no es una decisión simple porque no es un acto sin consecuencias. a) En primer lugar, debemos tener noción de las metas, el rumbo hacia donde nos queremos dirigir. Si en un principio las ideas de este “rumbo” no están claras del todo, al menos servirán para comenzar a ponernos en marcha y para poder articular con otras respuestas que van a surgir durante el viaje. Será entonces responsabilidad nuestra decidir la dirección hacia la cual orientarnos.
b) Si hasta este momento las riendas de nuestra vida estaban en manos de otra persona llegó la hora de preguntarnos: “¿Por qué esto es así? Soy un adulto y, a menos que yo se lo haya permitido, nadie puede dirigir mi vida...” Las respuestas pueden variar: quizás no nos creamos capaces de decidir adecuadamente, quizás creamos que el otro sí sabe, quizás no queramos lidiar con el enfado que le produciría al otro soltar nuestras riendas. Es necesario estar bien convencidos de que para vivir a pleno, debemos dejar de lado la ilusión de que otro sabe mejor que nosotros lo que deseamos. Seguramente deberemos darle tiempo a ese otro para comprender nuestra nueva elección, confiando en que si nos quieren, se darán cuenta de que nada es mejor para nosotros que decidir nuestro propio camino.
c) Antes de emprender la marcha, será mejor preguntarnos por nuestros recursos, intereses e inquietudes. Por ejemplo: si lo que nos estimula es el contacto con los otros, preferiremos un camino acompañados en lugar de un camino solitario. Buscaremos entonces las personas adecuadas para ayudarnos. Si preferimos hacerlo en solitario, lo haremos con la convicción de que, aunque sea más largo, es producto de nuestra decisión.
Sea lo que sea lo que elijamos, mientras vayamos por el rumbo deseado, estaremos sintiendo que avanzamos, aún cuando en ocasiones debamos dar rodeos o desandar lo andado para retomar otro camino.
“No hagas a otros lo que querrías que te hicieran a ti: ellos pueden tener gustos distintos”
Bernard Shaw
b) Si hasta este momento las riendas de nuestra vida estaban en manos de otra persona llegó la hora de preguntarnos: “¿Por qué esto es así? Soy un adulto y, a menos que yo se lo haya permitido, nadie puede dirigir mi vida...” Las respuestas pueden variar: quizás no nos creamos capaces de decidir adecuadamente, quizás creamos que el otro sí sabe, quizás no queramos lidiar con el enfado que le produciría al otro soltar nuestras riendas. Es necesario estar bien convencidos de que para vivir a pleno, debemos dejar de lado la ilusión de que otro sabe mejor que nosotros lo que deseamos. Seguramente deberemos darle tiempo a ese otro para comprender nuestra nueva elección, confiando en que si nos quieren, se darán cuenta de que nada es mejor para nosotros que decidir nuestro propio camino.
c) Antes de emprender la marcha, será mejor preguntarnos por nuestros recursos, intereses e inquietudes. Por ejemplo: si lo que nos estimula es el contacto con los otros, preferiremos un camino acompañados en lugar de un camino solitario. Buscaremos entonces las personas adecuadas para ayudarnos. Si preferimos hacerlo en solitario, lo haremos con la convicción de que, aunque sea más largo, es producto de nuestra decisión.
Sea lo que sea lo que elijamos, mientras vayamos por el rumbo deseado, estaremos sintiendo que avanzamos, aún cuando en ocasiones debamos dar rodeos o desandar lo andado para retomar otro camino.
“No hagas a otros lo que querrías que te hicieran a ti: ellos pueden tener gustos distintos”
Bernard Shaw
Adolescencia: El difícil proceso de crecer
La adolescencia es un período en la vida de nuestros hijos, que muchas veces nos abre diferentes interrogantes, nos preocupa, nos enoja, nos desorienta y hasta nos descoloca como padres. Nos cuestionamos una y otra vez qué está bien, qué está mal, qué se debe y qué no, hasta dónde pueden...
Los adolescentes buscan su identidad, sus espacios, son personas con un gran caudal de energía que no saben bien cómo distribuir y dónde poner dicha energía. Desean experimentar situaciones nuevas, a veces sin medir ciertos riesgos, se sumergen en la sexualidad, buscando sus primeras relaciones de pareja, les atrae conocer nuevas personas, lugares, la noche, comienzan a salir del núcleo familiar y los amigos tienen una influencia muy marcada en sus vidas.
Esto muchas veces trae aparejado conflictos con los padres que se sienten cuestionados, desplazados, enfrentados.
Los adolescentes ya no ven a sus padres en el mismo lugar, dejan de ser sus únicos referentes, y empiezan a buscar sustitutos, se alejan, cosa que les causa soledad y angustia, pero que a la vez les es necesario.
Por otro lado, sus cuerpos cambian, comienzan a vivir su sexualidad, lo que les provoca a veces vergüenza, a veces intriga, el duelo por perder la niñez avanza y es necesario procesarlo, y también el desplome de los padres como modelo ideal debe ser trabajado.
Todos los cambios que van atravesando interna y externamente los van expresando de muy diversas maneras.
Se vuelven inestables emocionalmente, en un momento están abiertos y eufóricos, en otros se recluyen en su cuarto y en sus cosas, unas veces cariñosos y otras huraños, a veces hablan sin cansarse, otras el silencio los acompaña días enteros.
A menudo se oponen a las opiniones de sus padres, no aceptan consejos, se sienten fuera de la familia que hasta hace poco tiempo lo era todo para ellos.
La música, códigos nuevos, valores, ideales, modas, lenguajes, los alejan de los adultos y los acercan a sus pares.
El espejo les devuelve una y otra vez su imagen, horas frente a él, dedicación a su figura, a su cuerpo, preocupación por la apariencia, se obsesionan por estar flacos o gordos, por un granito, por el cabello, por la ropa, se sumergen en largas charlas telefónicas, sus celulares no descansan, la computadora parece ser una extensión de su cuerpo.
Entonces nosotros los papas nos preguntamos: ¿Cómo llegamos a ellos? ¿Qué necesitan? ¿Por qué están con ese humor? ¿Ya no nos quieren? ¿No nos necesitan más? ¿Cómo podemos ayudarlos?
Muchos padres se acercan a la consulta con estos y otros tantos interrogantes.
Primeramente debemos comprender que es un período que a nosotros los adultos nos genera ansiedad y también temor. Pero también a ellos les sucede algo semejante, lógico desde otro lugar.
Los padres, en ocasiones no toleran los enfrentamientos, las oposiciones, los cuestionamientos, las rebeldías. Pero necesitamos entender que los adolescentes están en la búsqueda de su identidad, de su independencia, de sus propios espacios, que entran en crisis por autoafirmarse, por despegar intelectualmente, por separarse de sus padres a los que han permanecido unidos hasta el momento.
Poder escuchar a los adolescentes, darles espacio para que puedan expresarse, tener una relación de confianza con ellos, (sin confundir con querer ser sus amigos), aceptar la diferencia generacional que separa a padres e hijos, es una forma de acompañarlos, de cuidarlos, de estar a su lado sin invadirlos ni caer en el autoritarismo.
Y cuando hablamos de escucharlos, estamos diciendo hacerlo activamente, en forma receptiva, abriendo el diálogo, para que ellos también se escuchen, es tratar de ponernos en su piel, sin querer imprimirles nuestras marcas, nuestras propias historias de vida.
Y acompañarlos, es estar presentes, saber qué hacen, dónde están y con quién. Que sepan que los padres estamos siempre, para lo que sea.
Los contextos van cambiando y cada época tiene sus características. Son diferentes las problemáticas. Actualmente nos preocupan los altos niveles de violencia, las drogas, el alcohol, la inseguridad en las calles. Por eso debemos estar alertas, ya que los cambios por los que atraviesan los adolescentes pueden transformarse en crisis difíciles de cursar. Suelen depositar sobre sus cuerpos lo que no saben expresar de otra manera (anorexia, bulimia, obesidad, alergias, asma, fuertes dolores de cabeza), se deprimen y muestran apatía y desgano a todo (a veces solapado por consumo de alcohol o drogas), también se inhabilitan intelectualmente, fracasando en los estudios.
Posibilitemos el despliegue de sus capacidades, la construcción de sus identidades, el encuentro de su independencia, la formación de un yo diferente al de los padres. Seamos responsables, estemos atentos pero sin olvidar lo más importante: Comprensión, Acompañamiento y Escucha.
Los adolescentes buscan su identidad, sus espacios, son personas con un gran caudal de energía que no saben bien cómo distribuir y dónde poner dicha energía. Desean experimentar situaciones nuevas, a veces sin medir ciertos riesgos, se sumergen en la sexualidad, buscando sus primeras relaciones de pareja, les atrae conocer nuevas personas, lugares, la noche, comienzan a salir del núcleo familiar y los amigos tienen una influencia muy marcada en sus vidas.
Esto muchas veces trae aparejado conflictos con los padres que se sienten cuestionados, desplazados, enfrentados.
Los adolescentes ya no ven a sus padres en el mismo lugar, dejan de ser sus únicos referentes, y empiezan a buscar sustitutos, se alejan, cosa que les causa soledad y angustia, pero que a la vez les es necesario.
Por otro lado, sus cuerpos cambian, comienzan a vivir su sexualidad, lo que les provoca a veces vergüenza, a veces intriga, el duelo por perder la niñez avanza y es necesario procesarlo, y también el desplome de los padres como modelo ideal debe ser trabajado.
Todos los cambios que van atravesando interna y externamente los van expresando de muy diversas maneras.
Se vuelven inestables emocionalmente, en un momento están abiertos y eufóricos, en otros se recluyen en su cuarto y en sus cosas, unas veces cariñosos y otras huraños, a veces hablan sin cansarse, otras el silencio los acompaña días enteros.
A menudo se oponen a las opiniones de sus padres, no aceptan consejos, se sienten fuera de la familia que hasta hace poco tiempo lo era todo para ellos.
La música, códigos nuevos, valores, ideales, modas, lenguajes, los alejan de los adultos y los acercan a sus pares.
El espejo les devuelve una y otra vez su imagen, horas frente a él, dedicación a su figura, a su cuerpo, preocupación por la apariencia, se obsesionan por estar flacos o gordos, por un granito, por el cabello, por la ropa, se sumergen en largas charlas telefónicas, sus celulares no descansan, la computadora parece ser una extensión de su cuerpo.
Entonces nosotros los papas nos preguntamos: ¿Cómo llegamos a ellos? ¿Qué necesitan? ¿Por qué están con ese humor? ¿Ya no nos quieren? ¿No nos necesitan más? ¿Cómo podemos ayudarlos?
Muchos padres se acercan a la consulta con estos y otros tantos interrogantes.
Primeramente debemos comprender que es un período que a nosotros los adultos nos genera ansiedad y también temor. Pero también a ellos les sucede algo semejante, lógico desde otro lugar.
Los padres, en ocasiones no toleran los enfrentamientos, las oposiciones, los cuestionamientos, las rebeldías. Pero necesitamos entender que los adolescentes están en la búsqueda de su identidad, de su independencia, de sus propios espacios, que entran en crisis por autoafirmarse, por despegar intelectualmente, por separarse de sus padres a los que han permanecido unidos hasta el momento.
Poder escuchar a los adolescentes, darles espacio para que puedan expresarse, tener una relación de confianza con ellos, (sin confundir con querer ser sus amigos), aceptar la diferencia generacional que separa a padres e hijos, es una forma de acompañarlos, de cuidarlos, de estar a su lado sin invadirlos ni caer en el autoritarismo.
Y cuando hablamos de escucharlos, estamos diciendo hacerlo activamente, en forma receptiva, abriendo el diálogo, para que ellos también se escuchen, es tratar de ponernos en su piel, sin querer imprimirles nuestras marcas, nuestras propias historias de vida.
Y acompañarlos, es estar presentes, saber qué hacen, dónde están y con quién. Que sepan que los padres estamos siempre, para lo que sea.
Los contextos van cambiando y cada época tiene sus características. Son diferentes las problemáticas. Actualmente nos preocupan los altos niveles de violencia, las drogas, el alcohol, la inseguridad en las calles. Por eso debemos estar alertas, ya que los cambios por los que atraviesan los adolescentes pueden transformarse en crisis difíciles de cursar. Suelen depositar sobre sus cuerpos lo que no saben expresar de otra manera (anorexia, bulimia, obesidad, alergias, asma, fuertes dolores de cabeza), se deprimen y muestran apatía y desgano a todo (a veces solapado por consumo de alcohol o drogas), también se inhabilitan intelectualmente, fracasando en los estudios.
Posibilitemos el despliegue de sus capacidades, la construcción de sus identidades, el encuentro de su independencia, la formación de un yo diferente al de los padres. Seamos responsables, estemos atentos pero sin olvidar lo más importante: Comprensión, Acompañamiento y Escucha.
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